Cada día, cuando comenzamos nuestro taller de pintura infantil y me encuentro con ell@s, tengo preparado un tema.
Normalmente es una historia que me parece inspiradora.
Puede ser sólo alguna imagen, una idea, un artista o anécdota que me sirve de hilo conductor.
El caso es que siempre tengo pensado un punto de partida desde el que construir la sesión, otra cosa es lo que ocurra luego…
Cuando todo cambia sobre la marcha
Este sábado pasado, por ejemplo, quería dedicarlo a la observación.
Pero no así, en general —nunca les pido directamente que observen— sino a partir de algo concreto que les ayude a arrancar.
Así que empecé hablando de algunos animales. Tratando de poner el foco en las diferentes morfologías para que eso les conduzca a reparar en las diferencias.
Vimos un elefante, que es grande, mazacote… y hablamos de las jirafas (les encantan las jirafas), que tienen un cuello laaaaargo y desproporcionado.
Les cuento entonces cosas a propósito de ellos y de Rosseau, que era un pintor que antes fue aduanero…
El momento en que ellos toman el timón
— A mí me gustan los tigres —me interrumpe Nico.
— Yo voy a hacer un leopardo —añade Bruno— y también voy a pintar un volcán. (Jajaja, parece que nos estamos desviando, ¿sí?)
Y en ese momento, yo les podría decir:
— No me estáis entendiendo. Hoy teníamos preparada otra cosa y quiero que hagáis jirafas y elefantes.
Pero no.
Me quedo extasiada (como ellos conmigo, un rato antes, cuando les muestro imágenes para acompañar a mi relato).
He despertado su curiosidad y ellos han abierto la caja de los tesoros.
Cuando enseñar es escuchar
En ese momento sólo quiero seguir escuchándolos. Ver qué hacen con ello.
Porque de eso se trata. De tener en cuenta lo que hacen, para hacer tú.
De despertar su interés y dejar que construyan su propio camino.
No quiero que hagan lo que yo quiero, sino alimentar su inquietud.
Aprender desde la emoción
¿Sabías que el principal motor del conocimiento es la curiosidad?
Sólo eso necesitan.
No que les demos respuestas.
El aprendizaje funciona cuando enseñas desde el cerebro del que aprende.
Si aprendes desde la emoción, asociarás la formación al placer. Puede que para siempre.
Entre leopardos, huracanes y volcanes
Así que, entre leopardos, huracanes y otras ocurrencias tan disparatadas como sugerentes, yo descubro cómo enseñarles y ellos, la emoción de aprender.
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